lunes, 26 de diciembre de 2016

El Niño que Nos Enseñó a Vivir

Esta es una historia de lucha por la vida, una lucha de un chico de tan solo 2 años, que contra todo pronóstico, logró enseñarnos lo importante de nunca rendirse.

Él es Santino Cardozo, ya desde su nacimiento tuvo una serie de inconvenientes. Era un sábado 3 de Agosto del 2013. Su madre, María Soledad Aranda, estaba con 19 años, sabía que su bebé debía nacer por cesárea ya que los médicos notaron que su cabeza era un poco grande para el parto natural pero el destino quiso adelantar las fechas previstas y el trabajo de parto comenzó ese día a medida mañana, cerca de las 17 fue atendida en el Hospital de San Vicente donde por más de una hora Santino luchó por nacer. Casi no lo logra, había tragado líquido amniótico y su condición era crítica, María Soledad estaba muy débil y los médicos le dijeron que no creían que viviera por más de 72 horas. El tiempo pasó y Santino se recuperó aunque le diagnosticaron un retraso madurativo, el mismo impide que camine, hablé o incluso coma por sus propios medios.

A fines de junio Santino comenzó a estar muy deprimido, casi no comía y dormía mucho. Su madre había dado a luz a su hermanito, Mateo Emanuel, producto de su relación con su actual pareja. Su abuela notó que tenía fiebre por lo que fue llevado al Hospital de San Vicente, allí estuvo por 24 horas y luego fue llevado a una clínica privada por otros 3 días, su condición no cambiaba y no hubo más remedio que llevarlo a Oberá al InterNeo. Su situación era estable pero no mejoraba, debía ir a un centro de mayor complejidad solo que el traslado no salía por falta de camas disponibles. Así fue como la familia recurrió a los medios de comunicación quienes realizaron una series de publicaciones en redes sociales que alertaron a los trabajadores de Crónica, y, por intermedio de ellos, lograron internarlo en el Madariaga de Posadas. Pocos días de ese logro esperanzador surgieron varias complicaciones pero a pesar de ir en contra de todos los pronósticos Santi se recuperó y volvió a su casa en San Vicente. Sus ganas de vivir fueron más, necesitaba el cariño de su hermanito recién nacido que estaba al cuidado de sus abuelas, necesitaba de esas caricias de sus padres y del afecto de sus amigos.

Santino nos enseña que siempre es bueno pelear por la vida porque siempre es bueno dar y recibir amor.

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