Acompañan a San Vicente Informa

La Yerba no Bajó de Precio porque Desregularon, Sino Porque Sobra

Nota de opinión por Daniel Orloff 

¿Por qué el productor yerbatero cobra hoy menos por el kilo de hoja verde que hace tres años, cuando la cosecha de 2024 fue la más alta de la historia? La respuesta que circula en los medios y en la política misionera es cómoda y simple: la culpa es del DNU 70/2023 de Javier Milei, que desreguló el sector y le sacó poder al INYM. Es una explicación que suena bien, tiene un villano claro y evita hacerse preguntas incómodas. El problema es que los números no la sostienen.



El Estado compraba yerba para dejarla pudrir


Durante 2022 y 2023, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación realizó compras masivas de yerba mate para distribución en planes sociales. Las licitaciones están publicadas en el Boletín Oficial: en 2022 el Estado adquirió alrededor de 8 millones de kilos; en 2023, entre dos licitaciones principales, se compraron entre 12 y 15 millones de kilos por más de 21 mil millones de pesos de aquel entonces. La última de esas licitaciones fue firmada por la entonces ministra Victoria Tolosa Paz el 7 de noviembre de 2023, en los últimos días de la gestión anterior.


Esa yerba no llegó entera a los beneficiarios. En depósitos del conurbano bonaerense y Tucumán quedaron sin distribuir más de tres millones de kilos. Cuando la nueva gestión abrió los galpones, encontró parte del stock en mal estado o "no apta para el consumo humano". La subsecretaría legal del Ministerio de Capital Humano señaló que buena parte era "puro palo" y el INYM había advertido signos de adulteración.


Las compras fueron legítimas en contexto de crisis social, pero se volvieron excesivas y sin control de calidad. Mientras existieron, funcionaron como sostén artificial de la demanda: el INYM las registraba como consumo interno, los molinos tenían comprador garantizado y los precios al productor se sostenían. Cuando el Estado dejó de comprar, esa demanda desapareció de un día para otro. No porque los argentinos tomaran menos mate, sino porque el cliente más grande del mercado cerró la billetera.


La cosecha récord que nadie esperaba


A ese vacío se sumó, en 2024, el peor momento posible: la cosecha más alta de la historia. Según el INYM, ingresaron a los secaderos 986,7 millones de kilos de hoja verde (+27,4%). En producto elaborado equivale a unas 219 millones de kilos listos para comercializar.


El mercado interno absorbió 258,8 millones de kilos (el nivel más bajo desde 2012). Las exportaciones sumaron 43,8 millones. Total real: unos 302 millones. La producción superaba la demanda con holgura, encima de un stock acumulado de años anteriores que ya saturaba los depósitos.


Los molinos no necesitaban comprar más hoja verde. Ya tenían yerba. Mucha. Y la que tenían la habían adquirido más barata porque el productor, sin alternativas, no podía negarse. La inflación que compraba por miedo, y la estabilidad que dejó de comprar.


Durante los años de alta inflación, parte del consumo interno no era real: era cobertura (así como con otros productos). Familias y comercios acopiaban porque sabían que la semana siguiente costaría más. Esa demanda inflada engordaba los registros del INYM sin consumo genuino detrás. Con la estabilización de precios desde 2024, el comportamiento se revirtió. La gente compra lo que consume. Nadie acopia si sabe que mañana estará igual o más barata. El resultado es una caída en las salidas de molinos que parece crisis de consumo pero en realidad es normalización. Y aun así, en 2025 el mercado interno ya muestra recuperación: +3,1% (266,8 millones de kilos según INYM oficial), demostrando que no fue destrucción estructural sino fin del acopio inflacionario.


La desregulación no creó el problema, lo encontró hecho


El DNU 70/2023 eliminó los mecanismos de regulación que tenía el INYM. Sin controles de plantación ni precio mínimo, no hay herramienta institucional para limitar el acopio cuando el mercado se satura. Pero atribuirle toda la crisis al decreto es confundir el candado roto con el robo.


Lo que el INYM hacía en la práctica era establecer un precio de referencia, no una garantía. Cuando sobraba materia prima, la industria pagaba por debajo de ese número. Cuando escaseaba, pagaba por encima. Ninguno de los dos escenarios era política de Estado a favor del productor: era el mercado funcionando igual que sin regulación, solo que con un número de referencia en el medio. En veinte años de intervención, el productor nunca tuvo poder real de negociación. El precio lo fijaba siempre quien tenía el poder de compra. La desregulación agravó la asimetría, sí. Pero el sobrestock que hoy ahoga al productor venía de años de intervención desordenada, compras estatales sin control, clima excepcionalmente favorable en 2024 y una industria que acumuló producto sin trasladar beneficios al primario. El problema de fondo estaba construido mucho antes.


Lo que hacen los molinos con el stock


La yerba bien conservada no se echa a perder: puede guardarse años. Los molinos lo saben y operan en consecuencia. Tienen depósitos llenos de producto comprado barato que van soltando según demanda. No necesitan pagarle más al productor mientras eso dure. El productor, en cambio, no puede esperar: tiene costos fijos, deudas y zafra encima. El stock acumulado es el poder de negociación de los molinos, y hoy ese poder es enorme.


La única válvula que funcionó en 2025


El récord de exportaciones de 2025 (57,98 millones de kilos, un +32,2%, el más alto de la historia) que absorbió parte del excedente y dio algo de oxígeno. Pero siguere presentando menos del 20% de la producción total. El mercado interno sigue siendo el destino del 80%.


La advertencia que nadie quiere escuchar


Si el stock no se absorbió en 2025 o se absorbe en este 2026, el sector enfrenta años de precios bajos, abandono gradual de chacras pequeñas, concentración en manos de los que tienen espalda financiera y pérdida silenciosa de productores familiares que no volverán.


Eso no lo arregla derogar el DNU ni restituirle poderes al INYM. Lo arreglan el tiempo, el crecimiento sostenido de las exportaciones y una política activa de apertura de mercados externos que hoy está en deuda.


Mientras tanto, urge una política de exportación por parte de provincias y Nación: subsidios temporales al flete, promoción fuerte en India, China y Europa, un acuerdo inteligente con Brasil. Y un fondo de contingencia para que los productores pequeños no abandonen chacras en 2026-2027. Eso sí es Estado inteligente. No el que regula para que cuatro molinos ganen.


La discusión sobre la desregulación es legítima. Pero mientras el debate político se centra en el decreto, los depósitos siguen llenos y el productor sigue cobrando lo que la industria decide pagarle.


La yerba sobra. Ese es el problema. Todo lo demás es ruido que unos pocos aprovechan con fines electorales o económicos.


Fuentes: INYM (estadísticas cerradas febrero 2026), Boletín Oficial de la República Argentina.

📰 NOTICIAS PROVINCIALES

Misiones Informa
Cargando noticias...

También acompañan a San Vicente Informa

Columnas, análisis y opinión