Candela sigue Desaparecida: Ocho años sin Respuestas y una Búsqueda que San Vicente no Debe Olvidar

La desaparición de Candela Agustina Correas de Melo sigue siendo una herida abierta en San Vicente. Tenía apenas 15 años cuando fue vista por última vez, el 3 de febrero de 2018. Estaba embarazada de aproximadamente once semanas y salió de su casa, ubicada en la zona del kilómetro 1274 de la Ruta Nacional 14, en el paraje Río Victoria. Desde entonces, nunca más se supo de ella.



No es necesario esperar cada aniversario para recordar a Candela. Es una hija de San Vicente que falta, una adolescente cuya familia todavía espera respuestas y una búsqueda que continúa sin resultados. Su nombre no debería volver a ocupar un lugar en las noticias solamente cuando se cumple un año más de su desaparición.


La noche en que desapareció

Candela vivía con su madre, Nilda Galeano. La noche del sábado 3 de febrero de 2018, alrededor de las 22:30, salió de su casa. Según los primeros testimonios familiares, había dicho que se encontraría con su novio, Carlos Da Silva, para asistir a un asado en la vivienda de los padres del joven. También se había mencionado que ambos tenían intenciones de comenzar a convivir.


La adolescente se habría llevado una mochila con algunas prendas y documentación médica relacionada con su embarazo. Su madre contó que antes de acostarse la había visto sentada en un sillón, utilizando su teléfono celular. Cuando volvió a levantarse, Candela ya no estaba.


Al día siguiente, la familia recibió mensajes enviados desde el teléfono de la adolescente. En ellos supuestamente explicaba que se había marchado y que quería tener a su bebé lejos de su entorno. Sin embargo, su padre, Pablo Correas de Melo, siempre cuestionó la autoría de esos mensajes. Según relató años después, recibió información de peritajes que indicaban que la forma de escribir no coincidía con la de su hija.


Ese mensaje se convirtió en uno de los puntos más controvertidos de la investigación: quién utilizó el teléfono después de la desaparición y quién escribió aquellas comunicaciones.


La investigación y la detención del novio

Durante las primeras semanas, la Policía realizó distintos procedimientos para intentar reconstruir los últimos movimientos de Candela. El 3 de marzo de 2018, Carlos Da Silva fue detenido por orden judicial, en el marco de las averiguaciones sobre la desaparición.


Marcha por Candela en 2021


Se realizaron allanamientos en una chacra de Picada Agroforestal y en un inmueble de Santa Rita, vinculados con familiares del joven. También se secuestraron teléfonos celulares y cartas íntimas entre ambos. Los perros rastreadores recorrieron unas 75 hectáreas, pero no encontraron rastros que permitieran establecer dónde estaba la adolescente.


El joven permaneció detenido aproximadamente una semana y luego recuperó la libertad. En las publicaciones periodísticas posteriores se informó que había declarado que la noche de la desaparición se encontraba en una pizzería de San Vicente, acompañado por familiares.


Su padre cuestionó esa versión y reclamó que se revisaran las cámaras de seguridad del establecimiento. Sin embargo, cuando intentó obtener las grabaciones, habían transcurrido alrededor de 45 días y el sistema conservaba las imágenes durante 30 días.


La detención del joven formó parte de la investigación, pero no se conocieron pruebas que permitieran atribuirle responsabilidad penal por la desaparición.


La hipótesis de trata y las sospechas de la familia

Desde el comienzo, Pablo Correas de Melo sostuvo que su hija podría haber sido víctima de una red de trata de personas. La edad de Candela, su embarazo, la falta de comunicaciones comprobables y las dudas sobre el mensaje enviado desde su teléfono alimentaron esa sospecha.


En octubre de 2018 se informó que se había dado intervención a la Justicia Federal ante la posibilidad de que el caso estuviera relacionado con la trata de personas. En febrero de 2019, el Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente, entonces a cargo de Gerardo Casco, remitió documentación al Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas.


Marcha por Candela en 2018


También hubo versiones sobre una posible salida voluntaria. Su madre, Nilda Galeano, llegó a plantear que Candela podría haberse marchado por decisión propia y que quizás estuviera con familiares fuera de Misiones. Su padre, en cambio, siempre rechazó esa interpretación y sostuvo que había elementos que debían investigarse con mayor profundidad.


Hasta ahora, ninguna de esas hipótesis permitió conocer qué ocurrió con la adolescente.


Una pista que volvió a generar expectativas

En mayo de 2023 surgió una nueva información que renovó las expectativas de la familia. Pablo recibió un dato sobre una propiedad ubicada en una colonia de la zona, vinculada al entorno familiar del entonces novio de Candela. El padre consideró que allí podría haber ocurrido algo relacionado con la desaparición y puso la información en conocimiento de la Justicia.


Sin embargo, los procedimientos posteriores no permitieron esclarecer el caso ni localizar a la joven. Durante estos años, Pablo mantuvo sus reclamos ante autoridades provinciales y judiciales. También pidió que se profundizara la investigación y que se evaluara la intervención de la Justicia Federal, especialmente por la posibilidad de una desaparición forzada o de trata de personas.


En febrero de 2026, al cumplirse ocho años, volvió a reclamar respuestas. Según las declaraciones que recogió la prensa, la causa continuaba en el Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente, bajo la carátula de privación ilegítima de la libertad. El padre manifestó que seguía sin recibir información concreta sobre avances que permitieran encontrar a su hija.


Ocho años después, Candela sigue faltando

Desde aquella noche de febrero de 2018 pasaron ocho años. Candela tenía 15 años cuando desapareció. Hoy tendría 24. Su familia sigue sin saber dónde está ni qué ocurrió después de que salió de su casa.


La investigación dejó interrogantes que todavía necesitan respuestas: quién envió los mensajes desde su teléfono, qué pudo determinarse con los peritajes, qué ocurrió con las pistas aportadas por la familia y qué medidas judiciales se adoptaron para profundizar la búsqueda.


No se trata solamente de recordar una fecha. Se trata de mantener vigente el nombre de una adolescente de San Vicente que todavía no volvió a su casa.


Candela no es un caso cerrado ni una historia del pasado. Su paradero continúa siendo desconocido y su familia sigue esperando. Por eso, no hace falta que llegue el 3 de febrero para hablar de ella, compartir su fotografía o preguntar qué se está haciendo para encontrarla.


Candela sigue siendo buscada. Y San Vicente no debe olvidarse de ella.

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